Medicina, una carrera que como bien dicen todos, requiere grandes sacrificios. Porque implica sangre, sudor y lágrimas. Amanecidas, devorar libros en una noche, actualizarse sobre nueva información con respecto a la salud. Y es que esto jamás acaba aunque uno se gradué porque al ser médico siempre se debe seguir leyendo, innovarse, informarse, practicar, en fin seguir haciendo sacrificios.
Pero así como es una vida difícil y ajetreada porque debes ir de un lado a otro, ya sea para llegar a las clases, perseguir al profesor para saber tus notas, o practicar para los exámenes. Con el tiempo y si amas lo que haces te acostumbrar y ves esta vida que muchos te dicen que es horrible como la mejor que tuviste la suerte de escoger pues tu si tienes pasión por lo que haces y por eso entiendes que aunque haces muchos sacrificios, todo valdrá la pena.
Al transcurrir los años, correr por todos lados, leer libros enormes y tomar café para poder resistir las largas amanecidas que te das, se convierte en tu vida perfecta.
Y es que tanto te adecuas a este ritmo de vida que hasta al hablar no puedes dejar de aplicar términos médicos que aunque los demás no te entiendan, no ves otra forma de expresar lo que sientes sino es aplicando tus conocimientos de bioquímica, biofísica, bioestadística, biología, química, entre otros cursos que llevas.
Con todo ello, tu personalidad va cambiando, te vas adaptando a no dormir, a prestar mucha atención a todo lo que diga el profesor y ¿por qué no? a escribir tan rápido que hasta a ti te cueste leer luego lo que escribiste , pues bien dicen que todo médico debe tener un letra que sólo poco la lean con facilidad y la entiendan.
Si bien medicina implica semanas sin dormir, tomar café todos los días, comer rápido y salir disparada a tu clase, no importante que ropa se te ve mejor, ni las ojeras enormes que tienes. Es un reto que debemos superar o es que ¿de eso no se trata la vida? de retos y superación.




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